sábado, 1 de febrero de 2020

Texto María José Durán


Les dejamos este texto que fue escrito y  leído por María José Durán (@puntoylineasobreplano) en nuestra reunión mensual:

"Voy a comenzar leyendo para entregarle un poco de espacio a la mente, para que ésta encuentre un leve descanso. Hablar en público puede ser intimidante. Existen mentes que al sentirse observadas, aceleran los procesos. Los pensamientos hablan, las emociones reactivan la piel y la energía que recorre el cuerpo es un poco abrumadora. A veces, todo se nubla, al igual que las neblinas de mañana y toma un tiempo volver a divisar con más claridad y calma las ideas que quieren ser comunicadas. Y Bueno es que el textil no es una práctica ajena a este tipo de experiencias. Sentarse a bordar es un acto en que se reposa el cuerpo sobre una superficie. Los latidos del corazón se calman y entramos en un ritmo coordinado, entre la mano, la aguja y el género. Es una especie de baile al ritmo de los latidos. La rabia al penetrar en forma de aguja, se hace suave a la piel de las telas. La mente entonces, comienza a hacer lo suyo. Comienza a pensar.


El cuerpo en reposo, la mano bailando y la mente murmurando el pasado. El cuerpo en reposo, la mano bailando y la mente soñando el futuro. La mente calculando, la mente criticando, la mente exigiendo, la mente amando, la mente divagando, la mente en paz. En eso, la aguja punza la piel, Ouch!!. Despierto de ese somnífero pensar, agotador, insaciable a veces.

En el textil aparece este aparentemente dormido actuar de la mente. El placer de los colores, hilos, lanas y géneros es una especie de descanso, un respiro entre medio de esta intensidad. Pero al igual que la voluntad de una semilla para romper en flor y luego en fruto, la mente, la respiración y el corazón son capaces de transmutar una experiencia que de poder ser dolorosa, se transforma en amorosa, gracias al textil.

¿Entonces qué hace la práctica del textil en el universo femenino de contexto patriarcal?

 Claro está, que no nos enseñaron a aceptarnos. Más bien, el juicio, la culpa, el perfeccionismo, la carencia, nos habitaron por siglos de siglos como hijas de un sistema violador. El textil se transforma en lenguaje. Es la voz de las sombras que al sentarse la mente murmura. El textil posee una misteriosa forma de situarnos en el presente. A solas puede ser un viaje sanador, en colectividad es una trama.

El textil es reparación. Une, hila, entreteje, zurce, reconstruye, construye, transforma. Es un soporte, como una arquitectura para el alma.

El textil es más del corazón que de la mente. Aunque también es incómodo. No siempre sentimos alivio. A veces también agobio, ansiedad. El cuerpo nos habla. Será la mente la de aquel agobio o será el cuerpo?

Así cuando nos sentamos en la cama, en el escritorio, en el sillón acarreamos una nube de información. En esa habitación o en el centro de un paisaje no solo somos nosotras además es todo aquello que viene a mirarnos antes y después de ese momento entre la aguja, la tela y el yo. Todo eso del antes, ahora lo escuchamos, solo que muchas veces no lo sabemos.

¿y como lo hará la araña cuando teje su hogar? ¿o el gusano de seda para crear su capullo?

Un capullo que es una sola línea, un solo filamento de 1.5 kilómetros de largo. ¿Cómo lo harán? Claramente su ingeniería no es fruto de algo humano. Sabemos que su instinto es perfección pero no ajeno a la experiencia que si podemos alcanzar siendo humanas despiertas. Arañas y gusanos libres de la mente nos enseñan de belleza no solo como el fruto de su actuar, pero en la energía de su hacer. La voluntad de crear. Es un instante, no implica esfuerzo, nace del centro y es desinteresada, Es ahí donde el humano retorna a su animal, se transforma en naturaleza. En esa voluntad existe la energía equilibrada con los ritmos cardiacos y nuestra respiración, es un lugar sin ansiedad. Ahí hay un baile creativo de energía misteriosa y fértil.

Por eso el quehacer textil al igual que el de la creación , con mayúscula, son principalmente de la mujer.
Bueno, y así es como este mundo de puntadas, estas también son contracciones. Damos a luz, revelamos, es decir volvemos a velar la imagen ante la luz, la sacamos de la penumbra de la mente y por medio del impulso de la voluntad, esa energía fértil e infinita para crear reparamos y reconstruimos alineadas a un bien mayor.  No seremos más hijas automatizadas de ojos cerrados por que el mundo nos duele y por ello nos sostenemos para continuar tejiéndonos, hilándonos y bordándonos en el nuevo paisaje chileno."

Foto: María José Durán



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